Queridos amigos, nuevamente me pillan escribiendo en este diario de vida virtual.
No me han pasado muchas cosas excitantes que valgan la pena que les cuente, pero sí tuve un encuentro que me iluminó y gracias a esto estoy contenta.
Ante mis días de tristeza silenciosa, una compañera de oficina que es la persona más acogedora que he conocido en mucho tiempo, la Ale, se me acercó y me preguntó que qué me pasaba. Y le dije que estaba preocupada por el cuento del peso, ya que mi mamá me sigue presionando para que vea lo del balón gástrico. En verdad me gustaría sentirme más armoniosa para que ella me deje tranquila.
La Ale se quedó callada un rato, abrió un cajón y me pasó la tarjeta de un doctor.
Yo le dije que no quería más nutricionistas, a lo que la Ale altiro me aclaró que este no era de esos.
Miro y cacho que se trata de un doctor dedicado a la homeopatía. Ante mi cara de "no me la compro", la Ale me explicó que se trata de un tipo que estudió medicina, y que siempre le picó el bichito de la medicina alternativa. Así fue como se pasó de la anestesia (una de las actividades médicas mejores remuneradas) a un viaje a Alemania donde estudió todos los secretos de este tipo de medicina.
Mi mayor acercamiento a la homeopatía hasta ese momento había sido a los 6 años, cuando yo le revisaba los cajones a mi abuela, donde encontraba unos frasquitos café con etiqueta roja que tenían unas bolitas blancas dulces que yo me sampaba en un santiamén.
Mi amiga me contó que este doctor parecido a un pitufo me iba a escuchar atentamente mis problemas, y que luego de miles de preguntas sin relación una con la otra me iba a dar un consejo acompañado de un frasquito de estas bolitas de mi abuela.
Como extra, me dijo que no me iba a salir caro, porque el señor daba boletas médicas que podían ser reembolsadas por isapre.
No perdía nada, y lo llamé. La secretaria me dijo que tenía horas para mañana, a las 10, 11, 12 y una... Le dije a la una, con la buena espina que hace muchos años que ningun doctor me ofrecía abiertamente dedicar una hora completa a mis problemas de salud.
Llegué al consultorio, que resultó ser además un centro de pilates y otras cosas parecidas. Me hicieron esperar en un living ultra acogedor, y mientras espero me fijo que hay otro señor esperando. Extremadamente delgado, leía una revista con una lupa. Lo miro bien y me doy cuenta que tiene sida.
Lo viene a buscar una especie de enfermero, que se lo llevó cariñosamente. Creo que es primera vez que estoy tan cerca de un enfermo de Sida y aunque sea lo lógico, me hizo pensar en lo nimios que son mis problemas al lado de los del flaco con lupa.
Al poco rato aparece un viejito chico, canoso, y me dice "¿Isabel?". Era él.
Entre y tenía la ventana abierta de par en par. Hacía un frío de la puta madre, y me preguntó si tenía frío.
Le dije que sí, y la cerró, pero me aclaró "el frio es una sensación mental que se puede controlar"...
- ¿qué te pasa?
- Estoy gorda
- ¿Por qué crees que te ves gorda? alguien te lo dijo?
Ahí mismo me dio vuelta. Él captó automáticamente el problema, y comenzamos a ver cómo solucionarlo.
Me aseguró que mi problema lo tienen todas aquellas personas que sentían que iban a hacer cosas grandes, pero que nunca emprenden. El mal de la vida plana, complaciente. UF! el medio palo.
Trastorno por agresión.
Me dijo "tu no te quieres, aunque yo te diga que eres bonita así como estás, tu no me vas a creer".
Y tiene razón. No me quiero.
Mi pololo me lo ha dicho varias veces, pero no lo escuché... Tuve que ir donde un pitufo para darme cuenta de algo tan simple.
Obviamente no existe ningun medicamento para esto, pero si tiene solución.
Cambiar mis hábitos orientados a mi. Pasar más rato conmigo, aceptarme.
Me dio unas bolitas que se hacen de una flor que se llama Daphne Staphysagria. Él me dijo que me parezco a esa flor, pero no me dijo por qué.
Me despedí, y por primera vez hace mucho tiempo quedé muy satisfecha. En las casi 2 horas de conversación hablamos de muchas cosas que a ustedes les latearía leer, pero que se resume en que me ayudó. Fue como ir al siquiatra, pero mucho mejor.
Llegué a mi casa, y busqué la flor en Google. Es la que está al principio. Y me encantó, sobre todo pensando en que yo soy esa flor...
Si, ya sé, me puse siutica, ahora podría pegar una de esas cadenas horrorosas con fondos de tarjeta village tipo "pareja al atardecer". Pero no.
De verdad que me di cuenta que seguramente para las muchas mujeres que sufren por su gordura el mayor problema es el no aceptarse como son, que se expresa a través de vivir preocupadas por la gordura.
Ya, este será mi última manifestación respecto al tema.
Tengo hora con el doc en un mes más, y estoy segura que me voy a mejorar.
el doctor pitufo feliz
miércoles, octubre 06, 2004
Publicadas por
isabelicity
a la/s
11:37 p. m.
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6 comentarios:
Te lo doy firmado; te vas a mejorar. Suerte!
xxx
Yo cuando era chica chica (tipo 5 años) y vivía en Quilpué, conocí al doctor knop, el de las homeopatías knop, que era un viejito super archi amorosiento como de 90 años que vivía en una cabaña en medio del bosque que olía a pino... casi no me acuerdo de él, pero siempre me quedó como en nebulosa la imagen de un abuelito acogedor, dispuesto a escuchar mis problemas y darme la respuesta mágica, esa que sirve de verdad porque te abre la llave de la cabeza...
Espero que hayas encontrado a tu propio viejito de la cabaña!
beso!
V.
Cómo que no tenías nada interesante que contar? Me sorprendiste con la historia del pitufo, de seguro saldrás pronto de esta ;)
Es primera vez que entro a tu blog, lo encontré lindo así que te linkearé en mi web para que otros lo puedan disfrutar.
Suerte! :)
Quedé plop, y sabes por qué?... padezco tu mismo mal. Claro que objetivamente estoy gorda. Tengo un sobrepeso de 15 kilos aprox.
Cariños, y a ver si mejoramos juntas.
Hola Icha, me gustó leer de este doctor y de lo bien que te sentiste con él. No he podido recordar algo que leí alguna vez en alguna parte de una española que escribió un libro "Asi florece el Dafne en invierno" (o algo así) no se si vivía en Chiloé o vino y le gustó, no sé bien la historia, pero seguro que San Google sabe. Eran poemas. También me acordé de Apolo, que se enamoró perdidamente de Daphne. Tu ya tienes tu Apolo personal. Así que a florecer, y esperar que el sol te vea linda, como tiene que ser, cuando te enamores de tí, de nuevo.
[uta o no se que paso con el comment anterior]
Sorry... Rabieta necesaria.
Recomendacion necesaria: Si bien las palabras de tamaña eminencia pueden ser acogidas por oidos inseguros de mejor manera... Mas vale tener cuidado de no acoger de un porrazo tantas palabras. te recomiendo las de Roberto y su ultima frase... A enamorarse ti misma.
Un besote ;)
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